Educadores comunitarios buscan ser reconocidos por la provincia

“Creciendo libres” en Los Hornos

El 10 de septiembre, los diputados bonaerenses aprobaron una ley para incorporar al sistema formal a los 1500 jardines comunitarios que funcionan en territorio bonaerense. Rápidamente se dispararon las críticas hacia el supuesto reconocimiento de maestros militantes. Una experiencia en Los Hornos y otra en Florencio Varela dan cuenta de cómo nacieron y de la función social que cumplen estas instituciones en los barrios.

Mercedes:

Cacho Zabala:

Los jardines nacieron como una respuesta de las organizaciones sociales ante la falta de soluciones educativas del estado. La ley aprobada en la cámara de Diputados el 10 de octubre explica que un jardín comunitario “surge de la organización y gestión de una comunidad, como resultado de instancias previas de organización comunitaria”,  que “conjuga elementos de educación formal y no formal” y que “promueve una praxis horizontal”. Sin embargo, tras la sanción en Diputados, funcionarios bonaerenses, sindicalistas y periodistas pidieron que se vete la ley que fue presentada por la diputada del Frente para la Victoria, Alicia Sánchez tras cinco años de trabajo junto a las instituciones comunitarias. Se mostraron escandalizados ante la posibilidad de que el estado reconozca el trabajo de militantes sociales como educadores: “Nombrarán maestros sin título en centros maternales y jardines”, tituló Clarín el 17 de septiembre. Finalmente, pese a las críticas, el gobierno bonaerense anunció que promulgaría la ley de “Incorporación de la modalidad de educación comunitaria al sistema educativo formal”.

En comunicación con el programa Comunidad al Palo!, que se emite por Radio Futura, Cacho Zabala, de la organización Hijos del Campo, de Florencio Varela, definió que, “si bien hay distintas modalidades, en definitiva los jardines comunitarios son jardines en los barrios, que no dependen del Estado”.  Si bien su carácter de comunitarios les da mayor proximidad con las familias y sus problemáticas, también implica otras dificultades. Así, por ejemplo, el jardin de Justicia y Libertad, emplazado en Los Hornos, está  reconocido por el ministerio de Desarrollo Social, en el marco de un programa que incluye la figura de jardín maternal con madres cuidadoras. Pero, “lo que no esta cubierto es el trabajo de esas compañeras que trabajan todos los días”, precisó Marcela, referente de esa organización. Y agregó que “eso no esta reconocido económicamente, hoy se entiende que hoy deben trabajar Ad Honorem”.

“La mamás no tienen plata para una guardería”

Cuando desde el MJyL la convocaron para ser educadora del jardín, Vanesa pensaba que no era para ella. Pero de a poco fue entrando en confianza con ese mundo donde cambiar pañales, sonar  narices y atajar tropezones es todo un arte. “Nosotras dos vamos a estudiar educación inicial”, cuenta, mirando a Silvana, su compañera desde hace dos años en ese proyecto que, para ella, comenzó como una salida laboral y se volvió vocación.

Vanesa, Silvana, Karina y Ayelén son las educadoras del jardín comunitario “Creciendo libres”, para chicos de entre 45 días y cinco años de edad. Las cuatro son militantes del Movimiento Justicia y Libertad. Son las 12 del medio día y la pequeña mesa está servida en el patio, para aprovechar el aire tibio de un día de sol. Después de comer arroz con atún, y la fruta del postre, comienzan a llegar las mamás y papás a buscar a los chicos. Mientras esperan que los busquen, algunos juegan en el parque verde: Tiago anda en triciclo, Clara pide fotos de los árboles y del cielo, Silvana ataja un tropezón de una nena que está dando los primeros pasos -luego explicaran que, en esos casos, no hay que gritar, para no asustar a los nenes. Fue un día agitado, por la mañana habían hecho un paseo de bicicletas por el barrio para darle la bienvenida a la primavera. Cuando se va la última nena, las cuidadoras se sientan a conversar con Radio Futura.

Vanesa recuerda que “siempre estuvo la demanda de un jardín porque el sueldo de una mamá no alcanza para pagar una guardería, y entre pagar y dejar a los chicos con los hermanitos mayores, prefieren dejarlos con los hermanos. Hubo casos de mamás que llevaban a los hijos al trabajo, con los chicos entre los materiales y las herramientas, o mamás que dejaron encerrados a los chicos porque no tenían con quien dejarlos”. Marcela, referente de la organización se suma a la charla y cuenta que “Hay que entender el contexto en el que surgieron los jardines. En nuestro caso aparece por demanda de una organización que se armó en plena crisis de 2001 y hacia 2008 pudimos comenzar a organizarnos en cooperativas, y cuando las compañeras comienzan a tener trabajo no tiene con quien dejar sus hijos. Luego nos planteamos no solo ser niñeras sino qué tipo de educación pensábamos para nuestros hijos”.

Las educadora contraron que las familias están muy agradecidas con el jardín: “Siempre nos dicen que se sienten conformes con el cuidado de los chicos, están muy agradecidos porque además tiene mucha confianza. Una mamá que se abrió a contarnos que sufría violencia, otro papá nos confesó que su nena tomaba té porque no tenía para la leche”. 

La capacitación la hicieron en Villa Soldati, donde funciona un jardín comunitario del Movimiento La Dignidad. “Nos definimos como educadoras, no somos niñeras sino que acompañamos el proceso de desarrollo y crecimiento de los niños y niñas”, contaron las educadoras.

Cuando egresan las chicas y chicos saben hacerse entender para pedir ir al baño, pedir comida o agua, también aprenden los colores y a contar hasta diez. Pero además, a las educadoras les interesa enseñarles valores, y hacen hincapié en no fomentar el consumismo y el sexismo. Para el día del niño o los cumpleaños, en lugar de regalarles juguetes comprados, ellas mismas crean los regalos, evitando el adoctrinamiento del mercado, que marca para nenas debe ser rosa y para nenes, celeste.

El Movimiento se prepara para abrir un segundo jardín en Olmos. Actualmente, están realizando los encuentros de formación del cuerpo de cuidadoras que se pondrán al frente del jardín.

“La escuela más cercana está  a 8 kilómetros”

Cacho Zabala es militante del Hijos del Campo, de Florencio Varela. La Asociación Civil funciona desde el año `98 y hace nueve años se plantearon hacer un jardín comunitario en la zona rural de Florecio Varela: “El colegio más cercano está a ocho kilómetros y otro a doce kilómetros, por lo tanto no hay jardines que puedan albergar a los chicos. Llegaban con una preparación a la primaria muy escasa y veíamos que fracasaban en los primeros años. Había chicos que repetían primer grado hasta cuatro o cinco veces; no lo podíamos aceptar porque no podían ir al jardín porque el colectivo pasaba cada una hora, a la mañana en el campo hace mucho frío (…), y después la cuestión de la pobreza, porque no siempre se tiene la plata para ir al jardín o a la escuela y es gente muy humilde”, relata Cacho sobre la génesis del proyecto.

Hoy 40 niños y niñas asisten a las salas de 3,4  y 5 años del jardín que funciona en el marco de un programa del Ministerio de Educación. “Tenemos experiencias hermosísimas de este tipo de educación en las cuales los chicos llegan no solo con un nivel bueno sino en muchos casos con un nivel mejor que la preparación de los jardines del Estado. Eso lo tenemos documentado inclusive por directoras a las cuales les hemos pedido que hagan informes de los chicos que enviamos”, dice Cacho defendiendo la importancia y el compromiso de la educación comunitaria.

Para que el proyecto se haga realidad, junto con  algunas chicas estudiantes del secundario se dedicaron a investigar los programas del jardín y confeccionaron el propio. “Después, las propias madres tomaron en manos el jardín y son ellas las que, a través de un programa que es casi igual al programa del Estado, arman las clases del nivel inicial”, concluye.

La polémica 

Néstor Ribet, subsecretario de Educación bonaerense, había advertido que “la Directora de Cultura y Educación, Nora de Lucía, y su gabinete estuvo presente en las comisiones de educación de la Legislatura para manifestar nuestra postura que no  coincide para nada con que se desempeñen personas que no tuvieran un título docente”.   En diálogo con CN23 afirmó: “Los jardines comunitarios tendrán que adaptarse a las exigencias del sistema educativo, de lo contrario, desde el Ejecutivo se va a vetar esta ley”. A la posición de la provincia, también se sumaron sindicalistas, como Miguel Ángel Díaz de UDOCBA, que se refirió a las personas a cargo de los jardines comunitarios como “seudo docentes”. 

Sin embargo, el texto de la ley es esclarecedor sobre el punto más criticado de la ley: la formación de los educadores y educadoras.  Según el texto, queda en manos de la Dirección General de Cultura y Educación tomar las medidas necesarias para que las trabajadores y trabajadores de la educación comunitaria obtengan una titulación, y del Ejecutivo, disponer de los recursos para que ello suceda.  En tanto que el artículo 7, indica que el régimen laboral de los educadores comunitarios se regirá por la Ley Nº 10.579, Estatuto del Docente, y sus modificatorias.

En una reflexión publicada en la Revista La Pulseada, titulada “La educación no es un trámite”,  Damián Lambusta, militante social y sociólogo analiza el nuevo marco regulatorio y expresa: “Revisando el texto de la ley no quedan muchas dudas acerca de su aplicación, bastaba  tomarse unos minutos para demostrar que muchos argumentos que se esgrimen en su contra, no se corresponden con lo desarrollado en el texto de la normativa. ¿Los comunicadores sociales desconocían el proyecto? ¿No se informaron antes de informarnos?”

Finalmente,  si bien el debate continúa, Alberto Pérez, jefe de Gabinete de la Provincia de Buenos Aires, informó que el Ejecutivo promulgaría la ley. La decisión se tomó tras una reunión en la que participaron, además, la Diputada Alicia Sánchez, quien presentó el proyecto de la ley; el Senador Gustavo Oliva, Presidente de la Comisión de Educación del Senado de la Provincia de Buenos Aires; la Diputada María del Carmen Pan Rivas, Presidenta de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires y la Diputada Karina Nazábal.