El jueves por la tarde se llevó a cabo una actividad de desagravio en el sitio de la memoria, Casa Mariani Teruggi. Tuvo por propósito repudiar las pintadas realizadas en marzo y que expresaban mensajes en contra de la lucha por los derechos humanos.


Días antes de un nuevo aniversario del último golpe de Estado, la fachada de la casa ubicada en calle 30 e/ 55 y 56 amaneció con la pintada “23/3 día de la venganza terrorista. JVN”. En los mismos días fue pintada la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires con un mensaje similar. A un mes de la agresión, militantes de la Casa Mariani Teruggi organizaron la jornada de desagravio que contó con la presencia de Elsa Pavón, presidenta de la Asociación Clara Anahí. 
Las actividades se iniciaron con una visita guiada coordinada por el grupo de jóvenes que difunde la historia de la casa, transmiten a los curiosos y visitantes quiénes fueron Diana Teruggi y Daniel Mariani, qué pasó con su hija Clara Anahí y la lucha que lleva adelante Chicha Marianni y el resto de las abuelas desde 1976. Visitantes recorren cada sábado las habitaciones asombrándose por los agujeros de las paredes y conociendo la vida de aquellos militantes desaparecidos y de su hija que todavía es buscada. 
Agustina Pierres, integrante del grupo “Guías”, explicó que “para nosotros es un lugar importantísimo y ofenderlo es ofender a quienes la habitaron, es ofender la militancia que esa casa representa como espacio de derechos humanos”. 
En el marco de la actividad se llevó a cabo una radio abierta, donde Elsa Pavón contó cómo encontró a su nieta, su compañerismo con Chicha Mariani y la confianza que ambas depositan en los Guías que mantienen viva la Casa cotidianamente. 
Pierres también señaló que a Pavón y a Mariani la agresión “no les llamó la atención pero sintieron lo mismo que nosotros”. También agregó que “evidentemente hay resabios que no están queriendo aceptar nuestro trabajo y por eso la bronca es compartida
La actividad concluyó con la repintada de la fachada, para lo que se debió conseguir una pintura especial para no dañar la pared no sólo para mantener el espacio tal como quedo luego del ataque, sino porque, en 2004, la casa fue declarada monumento histórico. Una por una, las personas presentes subieron una escalera para borrar alguna letra de la pintada, convirtiendo una actividad individual amparada en la oscuridad, con una iluminada por la calidez que da el ejercicio de la memoria colectiva.

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